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Creemos que creer vale la pena... ¿Nos separan ideologías o creencias? ¿Podemos cambiar? ¿Queremos Cambiar? Tenemos el Poder... sabemos utilizarlo... Hace falta darnos cuenta de qué significa: Poder

Saturday, October 14, 2006

¿Hablamos de racismo? ¿Hablamos de persecución ideológica? Foucault decía que el Estado impone el Totalitarismo a través del individualismo mancomunado de los seres sociales.
Fue por "Portación de barba y de rasgos", pero eso, en este caso es lo de menos. ¿Y si Pablo Gutiérrez hubiera sido musulmán? ¿El acto no sería tanto peor? ¿O acaso ya comenzamos a pensar, a decir, que "bueno, son cosas que pasan en estos tiempos modernos"?

La discriminación es, en principio, el elemento de odio social más efectivo que tiene el Poder para mantener su control de lo bueno y lo malo.

Pensemos quiénes somos, qué somos, y sepan que, sean de donde sean, en cualquier momento esto, si no lo detenemos, le puede pasar a cualquiera.




EL PAÍS, jueves 28 de septiembre de 2006 ESPAÑA / PÉREZ MONGUIÓ, Sevilla
Pablo Gutiérrez Vega, de 35 años, es profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Sevilla. En una charla sobre los pros y los contras del ingreso de Turquía en la Unión Europea,
ayer se ponía como ejemplo de discriminación. "Fui humillado y vejado por llevar barba. Me
trataron como un terrorista islamista por mi aspecto físico", dijo al inicio de su intervención.
Su tez morena, cabello rizado y una poblada barba negra le enfrentaron el pasado 30 de agosto
a una amarga experiencia. Los pasajeros de un avión que tomó en Palma de Mallorca, donde hizo
escala desde Sevilla hasta Dortmund (Alemania), le obligaron a bajarse de la aeronave para revisar su equipaje porque tenían miedo de que fuera un terrorista islámico. "Me sentí humillado y sentí vergüenza ajena", confiesa ofendido. Tres pasajeros corpulentos se acercaron a su asiento y le conminaron a bajarse del avión. "Miedo, en realidad, no sentí, pero sí
perplejidad cuando me pidieron que saliera de mi asiento. Di por sentado que eran policías de incógnito, pero, al no identificarse, me negué enérgicamente", detalla el profesor, quien lamenta el comportamiento del comandante del avión. "Permitió que los pasajeros tomaran la autoridad
del aparato. Cuando me negué a bajarme, retomó la autoridad y me pidió que le acompañara a la
pista donde, a la vista de los pasajeros, escenificó una especie de negociación que tranquilizase a
los pasajeros", afirma.
La razón que esgrimió el comandante para justificar este comportamiento es que Pablo Gutiérrez parecía musulmán. "Yo desconozco a qué se parece un musulmán. Francamente si es
mi barba la que denota islamismo, tenemos islamismo para rato porque se trata de una cuestión
estética que no puede ser motivo de discriminación en ninguno de los casos", dice Gutiérrez,
quien advierte de que "la inflación del miedo" puede conducir a la gente a tomarse la justicia
por su cuenta y saltarse el Estado de Derecho. "Comprendo las medidas de seguridad pero si las
aplica la autoridad, no los pasajeros que me aplicaron medidas antiterroristas por mi aspecto físico. Frente a situaciones excepcionales de inseguridad, reales o infladas, hay que atenerse a los mecanismos del Estado de Derecho para protegernos. No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano, si no queremos volver a las cavernas", alerta.
Este profesor de Derecho afirma que como jurista se ha enfrentado a situaciones tensas, pero
nunca como aquel día. "Fui humillado y vejado públicamente delante de 100 pasajeros que dieron por buena una sospecha infundada. Sentí vergüenza ajena por ellos, sobre todo a mi vuelta al avión, cuando nadie se disculpó. Ni siquiera cuando terminó la travesía", lamenta.
En su opinión, fue víctima de un episodio a medio camino entre "una psicosis infundada y un racismo exagerado". "Estamos llegando a un límite peligroso porque esta inflación de la cultura
del miedo ha tenido éxito. Somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos que cualquier indicio de inseguridad no va a poner en peligro nuestras vidas", afirma Gutiérrez, quien no duda en responsabilizar al culpable de este miedo "hiperatrofiado". "Basta con ver cualquiera de los últimos documentales de Michael Moore para encontrar una fácil respuesta",
afirma Gutiérrez, en referencia al presidente de Estados Unidos, George Bush.
El profesor no sabe si mantendrá su aspecto físico. Suele dejarse la barba más larga en verano porque no le apetece afeitarse, pero en invierno, con el inicio de las clases, se la recorta. "Me reservo el derecho de decidir sobre eso, pero me resulta patético que la barba me convierta en un potencial terrorista", asegura Gutiérrez, quien no ha presentado denuncia por lo ocurrido y que sostiene que si el incidente se produjo por su supuesto aspecto islamista la civilización
"no ha avanzado mucho". Sospechoso por la barba Pablo Gutiérrez Vega, profesor en Sevilla al que confundieron por sus rasgos con un musulmán en un avión. / PABLO JULIÁ Los pasajeros de un avión obligan al desalojo de un profesor de Sevilla y a revisar su equipaje por su apariencia islamista
CAMPAÑA

Air Berlin: low cost, low human rights

Se ha iniciado una campaña a nivel estatal para remitir cartas de repulsa a la compañia Air Berlin, la cual el pasado 30 de agosto permitió que un grupo de pasajeros alemanes expulsase del avión en el que viajaba a Pablo Gutiérrez Vega, profesor de Derecho en la Universidad de Sevilla, 'porque parecía musulmán'.
Si deseas evitar que compañías de bajo coste como Air Berlín reduzcan también el nivel de derechos humanos en sus aeronaves dirígete a las direcciones
direccion@airberlin.com - fholdom@airberlin.com
expresando tu indignación por el incidente y solicitando garantías por parte de la compañía de que actos tan aberrantes como éste no volverán a producirse.
Sería igualmente útil que remitieses copia de la carta a los medios de comunicación locales o estatales.
Tu contribución a la difusión de este mensaje entre tus colegas será muy bienvenida.

Thursday, April 20, 2006


http://www.lanacion.com.ar/informaciongeneral/nota.asp?nota_id=799064

Cuántas cosas podés decir, ahora, mientras lees esto, seas del país que seas, que te hacen ser quien sos. Ciudadano, ser moral, civil, social. Tu pertenencia a una sociedad, a una ciudad, a un barrio, a una tribu, a un movimiento, a un partido político: ¿es definida por qué circunstancias?
Imagina que tus primeros pasos los diste en un piso frío, de madera podrida, que exuda humedad. Luego piensa que todas las mañanas, todas las tardes y las noches, las madrugadas, los días de fiesta, los feriados, has visto a tu padre desparramado en un sillón, con ojos de tozudez vacuna, leyendo en los clasificados que nada hay para un hombre de más de 35 años. Y todos gracias al primer mundo en el cual, dicen, hemos entrado.
Luego imagina que la comida nunca sobra, que de casualidad alcanza, que tu calzado es el mismo de hace un año y medio todos los días, mientras que en la televisión ves zapatillas (llantas, dicen los pibes del barrio) que en las vidrieras cuestan más de 100 unidades de tu moneda. Esa moneda que para ser equivalente a la de los turistas debe ser multiplicado por cuatro… para pagar a precio de oro un pedazo de carne mal asada, los domingos a la tarde, mientras vos apenas te pudiste comer con mucho pan viejo un plato de fideos.
Ahora imagina que en el lugar donde vives, esa ratonera llamada conventillo, que a todos los que no viven ahí le parecen sitios pintorescos y alusivos a una identidad nacional que se vende en folletos de casa de turismo, hay personas que venden droga, que cuesta mucho comparada con la pureza de su mezcla. Luego imagina que tus hermanos venden eso en la calle, por lo general, a personas de clase alta, o turistas. Los mismos turistas que ves acostarse en un cuarto mugroso con tus primas, pagando una miseria para ellos, una pequeña fortuna por media hora.

Ahora cerrá los ojos e imaginate que en ese lugar, donde estás cercado por un riachuelo que tiene olor a podredumbre, que te hizo tener enfermedades respiratorias desde pequeño, que todos los domingos se llena de gente desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde, que esa gente le dice a reporteros “A los pibes de este barrio no les interesa lo que es de ellos, lo descuidan, pintan las paredes, destrozan las estatuas de los tangueros.”

Ahora decime, con confianza, si acaso te sentirías parte de un mundo que funciona porque vos te tuviste que quedar afuera. Decime si te sentís identificado con una pared pintada de tu barrio en mención a un lugar que ha engendrado enfermedades endémicas desde su fundación. Decime si te sentís parte de la cultura, cuando todas las fábricas que te rodean están cerradas. Decime si te sentís dentro de algo, distinto a un culo, cuando hace 40 grados de calor, y en tu techo de chapas el sol te chupa la cara, mientras detrás de las paredes alguien pasa y dice: “Qué lindo debe ser vivir acá.” Y ellos no han visto que todos los atractivos no son para vos.
Decime si te sentirías parte de algo, cuando hay tres escuelas públicas que, con un porcentaje de deserción escolar que supera el 30%, sigue teniendo las aulas saturadas en los tres turnos. Decime si formás parte de la cultura, cuando una fundación da banquetes para centenares de personas de embajadas y de mucho dinero, mientras a vos te ponen detrás de un cordón de patrulleros y policías.

Decime si realmente te sentirías mal destruyendo un retrato de Gardel, cuando no sabés quién demonios ha sido, porque nunca te lo enseñaron.
Ahora sí, con tranquilidad, decime que te gustaría tener un policía custodiando tesoros que no valen nada porque, los valores humanos, han sido quebrados, hace tiempo.

Wednesday, April 19, 2006


¿Acaso el Estado no reprime sin consentimiento social? ¿Acaso el Estado no simula igualdad sin el convencimiento de una porción de la sociedad para que lo haga?
Nos quedamos tranquilos mientras criticamos cómo NO llega la ayuda a lugares que desconocíamos de nuestra geografía nacional. Nos quedamos pasmados ante la inutilidad del aparato Estatal para solucionar situaciones límite, y luego decimos que nuestros héroes populares tienen más efectividad que el mismo secretariado de asistencia pública. ¿Pero antes de eso no sabíamos lo que verdaderamente significaba un índice de miseria?
Mientras tanto, también, le damos la derecha a los medios, le damos la salida perfecta para que nos informen hasta cierto punto acerca de aquello que, llegado el momento, nos aburre.
Otros congestionan las calles (porque a esta altura, en América es congestionar las calles), utilizando las fuerzas de personas hambrientas, poniendo en sus bocas consignas anticapitalistas, sin preocuparse por la mejor manera de hacerles llegar las herramientas mínimas e indispensables para educarlos dentro de una situación que tiende al cambio. Pero cada uno de nosotros está preocupado por cambiar menos que el otro, y la fuerza que se utiliza es la de siempre: masa popular versus clase media.
Caja de comida y zapatillas contra cuotas de televisión Plasma y medios de comunicación. Y los trotskos en las calles, arengando la venida de un nuevo hombre formado en un ghetto de ignorancia y enfermedades. Aplaudimos las marchas funcionales al Poder, sin ver que sembramos la semilla del enemigo en nuestro vientre.
El Estado no necesita reprimir ferozmente: estos nuevos Estados utilizan el poder sin utilizarlo. Ocultando la verdad que nadie quiere ver.
Estos Estados, ratifico, son nuevos, saben cómo utilizar la fuerza de los otros en su favor.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿Seguimos siendo funcionales al Poder al no cambiar nuestros discursos? ¿No podemos ver que el Estado se ha renovado, mientras que nosotros no lo hemos hecho? Foucault ha dicho que lo que realmente no asume la Izquierda, es qué hacer con el aparato represivo una vez tomado el poder... ¿Estamos en condiciones de saber cómo utilizarlo sin convertirnos en más Poder? ¿Sirve cambiar un poder por otro poder? ¿Realmente podemos hablar de anticapitalismo en América, mientras tenemos personas que piensan que comer basura es algo normal?
Mientras no tengamos estas respuestas, nosotros somos el Panóptico...